viernes, 18 de octubre de 2013

Las fiestas patronales del Chocó avivan las corporalidades y sonoridades de la primera infancia


Por:Carmen Inés Rentería Rentería


Los  infantes en la ciudad de Quibdó y sus alrededores, asumen las fiestas patronales desde diferentes roles, ya sea de espectadores, instrumentistas,  bailarines entre otros; lo más importante para la familia es la participación de los niños y niñas en las festividades.

Vivir y disfrutar las festividades del seráfico de Asís  en Quibdó, no es solo para adolescentes, jóvenes  y  adultos, sino también para los niños,  niñas y la criaturas que se encuentran dentro vientre materno y perciben desde la cinestesia materna las música, las sonoridades  y los     movimientos corporales como parte de su ambiente natural.

El escuchar el sonido de  la tambora, el clarinete, el bombardino, la requinta, los platillos en brazos de su madre, este niño (a) guarda unos códigos sonoros los cuales se reproducen dentro de su cotidianidad al avanzar la edad, dando como resultado una persona que ama, disfruta, vive, siente, su historia pasada, presente y futura de un pueblo que lo vio nacer, donde pudo desarrollarse y  realizar grandes aportes en la contextualización de las sonoridades propias de la cultura musical del  su tierra en este caso el Chocó.

El expresar el sentir corporal y sonoro de  los infantes de la étnia negra hace parte  de la naturalidad en que se asimilan los procesos en los niños en sus primeros años de vida, donde no existen prejuicios sociales ni culturales, dando respuestas a un aprendizaje “no técnico” pero con un gran contenido de satisfacción por hacer las cosas.

Ser espectadores  en los primeros años, tiene su sentido, ya que por medio de la observación el infante empieza a expresar con naturalidad códigos recibidos desde el vientre materno donde el palmoteo, la risa, la carcajada y los movimientos corporales “descoordinados” son el resultado de un aprendizaje gestacional, siendo los verdaderos maestros culturales la familia  y contexto social donde se desarrolla.

Al aumentar la edad  en estos infantes el rol cambia, ya   no son solo observadores, si no participantes activos donde los gestos,  la escucha, la coordinación, la repetición han puesto en la vida de estos niños y niñas un nuevo código de aprendizaje, el cual es aplicado y ejecutado con movimientos corporales.

Cabe anotar que los niños y niñas en sus primeros años de vida, son un “esponja” que absorben todos los conocimientos que encuentran en su entorno sociocultural, sin dejar de lado los principios y valores inculcados en el hogar y se contextualizan en la sociedad. A partir de lo anterior las fiestas deben despertar en la sociedad un nuevo aprendizaje, donde la convivencia pacífica sea el eje transversal de las fiestas patronales de Quibdó.

En la primera infancia las estéticas corporales también juegan un papel importante, donde el niño o niña, hace parte de las comparsas de los adultos, sin dejar de lado la protección de deben recibir por ser una persona vulnerable, y la prelación en cuanto a la ubicación espacial. El San pachito visibiliza el trabajo coreográfico infantil, donde los preescolares se preparan cada año para este gran momento, convirtiéndose en la puerta de entrada a las festividades de nuestro santo patrono. 

Las festividades eran, son y serán patrimonio de la cultura dancística, musical, creativa y sonora, no solo de los adultos,  sino también de los niños y niñas que son en resumidas cuentas son  los que conservan las raíces culturales de los pueblos.





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