Por:Carmen Inés
Rentería Rentería
Los infantes en la ciudad de Quibdó y sus
alrededores, asumen las fiestas patronales desde diferentes roles, ya sea de
espectadores, instrumentistas, bailarines entre otros; lo más importante para
la familia es la participación de los niños y niñas en las festividades.
Vivir y disfrutar
las festividades del seráfico de Asís en
Quibdó, no es solo para adolescentes, jóvenes
y adultos, sino también para los
niños, niñas y la criaturas que se
encuentran dentro vientre materno y perciben desde la cinestesia materna las
música, las sonoridades y los movimientos corporales como parte de su
ambiente natural.
El escuchar el
sonido de la tambora, el clarinete, el
bombardino, la requinta, los platillos en brazos de su madre, este niño (a)
guarda unos códigos sonoros los cuales se reproducen dentro de su cotidianidad
al avanzar la edad, dando como resultado una persona que ama, disfruta, vive,
siente, su historia pasada, presente y futura de un pueblo que lo vio nacer, donde
pudo desarrollarse y realizar grandes
aportes en la contextualización de las sonoridades propias de la cultura musical
del su tierra en este caso el Chocó.
El expresar el
sentir corporal y sonoro de los infantes
de la étnia negra hace parte de la
naturalidad en que se asimilan los procesos en los niños en sus primeros años
de vida, donde no existen prejuicios sociales ni culturales, dando respuestas a
un aprendizaje “no técnico” pero con un gran contenido de satisfacción por
hacer las cosas.
Ser espectadores en los primeros años, tiene su sentido, ya que
por medio de la observación el infante empieza a expresar con naturalidad
códigos recibidos desde el vientre materno donde el palmoteo, la risa, la
carcajada y los movimientos corporales “descoordinados” son el resultado de un
aprendizaje gestacional, siendo los verdaderos maestros culturales la familia y contexto social donde se desarrolla.
Al aumentar la
edad en estos infantes el rol cambia,
ya no son solo observadores, si no
participantes activos donde los gestos, la escucha, la coordinación, la repetición han
puesto en la vida de estos niños y niñas un nuevo código de aprendizaje, el
cual es aplicado y ejecutado con movimientos corporales.
Cabe anotar que
los niños y niñas en sus primeros años de vida, son un “esponja” que absorben
todos los conocimientos que encuentran en su entorno sociocultural, sin dejar
de lado los principios y valores inculcados en el hogar y se contextualizan en
la sociedad. A partir de lo anterior las fiestas deben despertar en la sociedad
un nuevo aprendizaje, donde la convivencia pacífica sea el eje transversal de
las fiestas patronales de Quibdó.
En la primera
infancia las estéticas corporales también juegan un papel importante, donde el
niño o niña, hace parte de las comparsas de los adultos, sin dejar de lado la
protección de deben recibir por ser una persona vulnerable, y la prelación en
cuanto a la ubicación espacial. El San pachito visibiliza el trabajo
coreográfico infantil, donde los preescolares se preparan cada año para este
gran momento, convirtiéndose en la puerta de entrada a las festividades de
nuestro santo patrono.
Las festividades eran, son y serán patrimonio de la cultura dancística,
musical, creativa y sonora, no solo de los adultos, sino también de los niños y niñas que son en
resumidas cuentas son los que conservan
las raíces culturales de los pueblos.
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